El nano comenzó en un clan llamado NightRiders allá por el 2006, luego paso al glorioso clan Nufan no solo fue una transición de clan sino de postura, ahi conocí al Lider de ese momento Ezequiel Uhrig (CQ) y sus enseñanzas me dejaron que ser nano (Warsmith) es mas que solo jugar un pjt. sino que es una forma de vida, una forma de pensar, una forma de senrtir.

Gracias CQ

Regreso a casa

1ª parte

Lecho de Sangre

Con mi última bocanada de aire y la ayuda de mi ensangrentada espada, logre acobijarme debajo de un sombrío y húmedo roble, que parecía vigilarme, pero ya no tenía fuerzas para ver lo que este ocultaba bajo sus viejas raíces. La sed desgarraba mi garganta y el hambre ya era un compañero de varios días, pocas migajas quedaban ya en el harapiento bolso, ese que me había otorgado mi propio líder, aquel que había perdido la vida al igual que muchos de los trescientos solados que me acompañaron, aquel soleado y victorioso día, en que logramos asediar el codiciado castillo de Giran, pocos habíamos sobrevivido, y extenuados emprendimos el regreso a casa, nuestra querida Goddard. A lo largo del camino fuimos perdiendo mas soldados, algunos por heridas en el combate, otros no soportaron el extenso viaje a casa y se quedaron en el camino, las bestias y los bárbaros hicieron el resto.


El silencio era aterrador, el frió se empezaba a sentir y el hambre como una parca sentada a mi lado, esperaba el momento para tomar posesión de mi cuerpo, solo tenia que cerrar los ojos y el sufrimiento habría terminado, de ser sincero diré que todo estaba por terminar cuando los gritos de sufrimiento me hicieron levantar la guardia. Levante mi espada o ella me levanto a mi no recuerdo bien, pero no termine de ponerme de pie cuando la sombra de un viejo amigo era desgarrada por la parca que unos segundos antes se regocijaba con mi dolor. Un viejo duelista que hacia diez días no veía, se desangraba en mis manos, la sangre era una huella fiel de su camino y las cicatrices, daban fe que aquella batalla no fue sino otra cosa que una carnicería, mis intentos de curarlo no fueron los mejores, el fuego de mi magia se estaba apagando así como la vida de mi amigo, y allí nomás murió, un solo ojo tuve que cerrarle pues en el otro un parche ocultaba la marca de una antigua batalla.


Tome aire antes de recomponerme, y con la parca a mi espalda emprendí nuevamente el camino a casa, montañas valles y ríos cruzare, cien batallas tendré que librar, antes de destino poder alcanzar. La noche se aproxima, con la velocidad del galope de los striders salvajes, estaba sucumbiendo frente al hambre, cuando recordé que en aquellos gloriosos días en que aun vivía en mi quería Elven Village, mi maestra Ellenia me había enseñado que cerca de los ríos, encontraría algún tipo de fruto para saciar mi hambre. Recordaba que camino al castillo antes de entra al camino del mal, habíamos cruzado un rió, acelere el paso y antes que el desaparezco sobre el horizonte, había llegado. No se cuantas bocanadas tome antes de sentirme observado. Tome velozmente mi espada, y una voz familiar me dijo:


-…” Esparty”…-


Y por entre la maleza, vi aparecer la figura de aquel chispeante, pero alocado ermitaño, llamado xoscarx. La mezcla entre alegría y cansancio me invadió, caí rendido ante el. A pesar de ser un gran curandero, le tomo dos lunas, el poder recomponerme por completo. Recuerdo vagamente haberlo visto envuelto en majestuosas auras, tratando de reconfortarme.


Después de una buena comida, xoscarx trajo mi espada y armadura, recuerdo no haber visto brillar tanto mi espada desde el día en que fue forjada. Emprendimos viaje hacia tierras del norte, a buscar a un gran guerrero, que me acompañe en mi regreso. Este gran guerrero se encontraba en una villa de viejos cazadores.


Al llegar a la pintoresca villa, fuimos muy bien recibidos por este, su nombre era Mukai, gran guerrero proveniente de unas tierras muy lejanas, aun mas al oeste que el Valle de los Santos, mismas tierras natales de aquel bravo guerrero llamado Badass, que dio su vida junto al trono de Giran.


Después de haberme despedido de mi salvador, emprendí mi viaje hacia el este con Mukai, durante la tranquila caminata, conversamos de diversos temas; ahí fue cuando escuche por primera vez sobre el tesoro perdido de los KOV.










2ª Parte
Los Bárbaros

 
Debía correr, no importaba las heridas ni el cansancio, ha como diera lugar debía salir de ahí, deje aquel escudo ensangrentado, que llevaba la insignia que me representaba, sino perdía peso, corría el riesgo de ser atrapado por los bárbaros, y eso significaba la muerte. Una vez que creí prudente, pare a descansar, tras un desgaste físico enorme, nunca pensé que usaría mi espada como bastón, pero así fue. En la entrada del bosque acampe, para al otro día adentrarme en el.


Por la mañana las heridas habían parado de sangrar, pero aun podía sentir el correr de la sangre, de estos bárbaros, infieles oportunistas, sobre la gran espada de mi compañero caído. “El frenesí de sus últimos alientos, no fueron suficiente para terminar con estar horda”. Caminare en silencio para honrar a ese titán. Mil sonidos llegan a mi, tranquilos apacibles, pero cada uno de ellos es el sufrimiento de aquellos que no están. El viento entre las hojas como un millón de flechas, el crujir de aquel viejo árbol así como el andar del un golem, me hiela la sangre, hasta el punto, de esconderme tras una roca.


-…” ¿Será esto el miedo? ”…-


No he de tener miedo, y sin ningún tipo de duda, salte recitando las primeras palabras de mi mejor conjuro, dando por sentado que es mejor la muerte con gloria, que vivir como Bárbaro. Estas pesadillas me afligen, aun estando despierto, las guerras me han forjado, esta guerra me ha forjado; parece no tener fin. El enemigo es perseverante, aun cuando hayan perdido grandes batallas. Pero las visiones de Rochi auguran un final próximo, acompañado del surgimiento de un renovado ejercito a nuestro servicio.


Hubo muchas guerras antes que esta, en la cual muchos perdieron la vida y grandes clanes sucumbieron frente a nuestras tropas. Pero de las oscuras cuevas del humano, surgió un arrogante daguero que conquisto las mentes de los débiles y formo una horda, traicioneros en su mayoría, el egocentrismo de su liderazgo los ha llevado casi hasta su propia decadencia, transformándolos en lo que ahora llamamos bárbaros.


De gran poderío bélico, sus estrategias no son las mas brillantes, y su entrenamiento, según cuentan, lo llevan a cabo escamoteándose en las más remotas y oscuras sombras de las catacumbas.


Un nuevo día esta por terminar y preciso descansar, el rugido de esta majestuosa cascada me arrullara esta noche. Mañana cruzaré el puente y caminare cerca del río hacia tierras hostiles.






3ª parte
Gratas noticias


Amanece y la noche fue reconfortante, emprendo camino dejando la seguridad del bosque atrás, me aproximo a tierras atestadas de enemigos, a partir de ahora mi provisión de agua se vera reducida, el río ha quedado atrás, una gran planicie he de cruzar para llegar a Aden y allí obtener un festín de alimentos.


A lo lejos puedo divisar una caravana de tropas marchando hacia el oeste, a esta distancia me es imposible precisar sus intenciones. Con rapidez me aproximo hacia ellos acortando camino hacia el noroeste, sin perder el sigilo. De repente puedo ver el estandarte de Oren, a punto de levantarme para ser visto, siento desde atrás unos pasos, giro rápidamente y el brillo de una daga me deslumbra, un daguero pensé, pues estos guerreros tiene la capacidad de caminar sigilosamente sin ser detectados, su afilada daga ya se encontraba sobre garganta, una mujer de cabellos rojos como el fuego y mirada penetrante, sujetaba el arma con gran firmeza, me alce lentamente y fui guiado sutilmente hacia la caravana.


Al llegar a la misma, imponentes guerreros encerraban la presencia de un hombre coronado. El mismo se abrió camino de entre estos hasta estar frente a mi, sin duda alguna, era el Rey de Oren “Lufoque”. Me incline apresuradamente, pero me sostuvo en pos de evitar dicha cortesía.


-…”levantaos bravo guerrero, a pesar de vuestro desaseado ropaje, os he reconocido, en su espada puede leerse con claridad, Nufan”…-


Me ofreció comida y algo de beber, sus armeros arreglaron mis ropas, mientras saciaba mis apetitos. Me contó que se dirigía velozmente así su castillo, un mensajero había traído noticias, que se aproximaban tropas de Goddard; el ejército se movilizaba nuevamente, pero esta vez el castillo que caería seria el de Dion. Los bárbaros ocupaban aquel castillo, un ejército de menor volumen era movilizado, la victoria era inminente.


Lufoque me advirtió que el camino a Aden era peligroso y ponía a mi disposición una escolta, aquella hermosa mujer que minutos antes me asechaba y una fuerte mujer, de tierras de shillien. El camino fue agradable, basto el tiempo para aprender algunos movimientos. Esto mi hizo comprender lo importante de aprender, en un no muy lejano futuro, otra profesión. La velocidad y la precisión de esta daguera llamada JuanadArco, así como la fortaleza de su compañera Kittana, era prescindible para un mago como yo, a la hora del cuerpo a cuerpo en el fragor de la batalla.


Aden, gloriosa ciudad llena de comerciantes y guerreros, lugar donde podía encontrar la confortable compañía de mis aliados. Iowa, sus generales y su gente allí me brindarían de un lugar cómodo para descansar.


4ª parte
Aden


Las imponentes puertas de esta ciudad y sus majestuosas murallas separaban la civilización de terrenos bárbaros. Sin dar más vueltas me dirigí al Templo de Einhasad para rezar por los caídos en batalla.


Soberbias escaleras llevan hacia el templo, grandes comercios rodean el centro de la ciudad, fuentes, árboles y jardines encierran agraciadamente el entorno, creando un contraste perfecto. Pero el silencio es ensordecedor, la ciudad esta vacía.


Me dirijo al este de la ciudad hacia el hall de mis aliados, un magnifico edificio con grandes puertas. El sonido de mis golpes retumban en la ciudad, de repente las puertas comienzan a abrirse y mi amiga Nanapowa sale a recibirme, alegre de verme ya que me hacia muerto en Giran. Sus danzas y gritos de alegría eran algo que hace tiempo no veía. Mientras disfrutábamos unos viejos vinos, me contó que todas las tropas de KA marcharon hacia Dion. Las noches eran largas y los días placenteros, gracias a la abundancia del lugar.


Una noche en la que no podía conciliar el sueño decidí recorrer la ciudad, me acercaba al gremio de los magos, cuando una sombra se acerco a mí, su andar errante delataba su avanzada edad. Cabellos largos y teñidos de blanco, encorvado, con una voz áspera maltratada por el abuso de los gritos.


Sostuve su brazo para no dejarlo caer y tome su arco en pos de ayudar a aquel agobiado hombre, nos dirigimos hacia las escaleras, un lugar donde poder descansar, nos sentamos, y después de observarnos un largo lapso comenzamos a hablar. La verdad que la charla no era del todo interesante, contaba de viejas hazañas y antiguos guerreros que ya no estaban entre nosotros. Menciono una inmensidad de nombres conocidos y creo que fue eso, lo que me atrajo, tomo su arco intentando tensar su vieja cuerda, pero no pudo. Ahí fue donde pude observar unas letras en su vieja arma, ATOH. Dudando el significado de aquella palabra, le pregunte donde la había obtenido, menciono que había pertenecido a un gran clan llamado Keepers Of Valinor.


Era mi oportunidad de develar el mito de aquellos tesoros perdidos por estos aguerridos, por otro lado ya era hora de saber quien era este anciano. Me levante y me reverencie frente a él, pronunciando mi nombre. Lentamente se apeo, y desencorvándose forzadamente y elevando su frente, dijo con voz firme.


-…” me llaman Astaroth”...-


El desgaste de su arco habían ocultado el verdadero significado de esa palabra, dejando a la vista solo las letras ATOH. En cuanto al mito de los tesoros de los KOV, poco me pudo decir, su escasa memoria lo había olvidado casi todo al respecto, hasta aquellos días en que íbamos de cacería, solo recordó un enano gruñón y de poca simpatía, que había pertenecido a su clan, del cual el nombre no recordaba, pero seguro en tierras del norte podría encontrarlo.


Cargo su arco y emprendió camino hacia las murallas, no se si habrá sido el cansancio, pero su silueta se desvaneció en las sombras de la noche.




5ª parte
La Sombra


Con la mañana llegaron nuevas noticias del asedio de Dion, nuestras tropas habían podido aplastar las tropas bárbaras y con ellas nuevamente llegaban los rumores de un guerrero, del cual muchos saben y pocos habían visto.


Pero no importaban ahora los mitos, Dion es ahora de uno de nuestros aliados, y yo debía llegar por fin a Goddard, ahora en compañía de un strider, el viaje seria mas rápido y pronto estaría con mi gente. Salí de Aden con provisiones y la energía suficiente para llegar sin problemas, tres lunas me tomaría atravesar el pantano ardiente, las criaturas allí no serian de gran problema, una vez atravesado el pantano estaría en territorio seguro.


La noche llego rápidamente y con ella la inseguridad, en el pantano rondaban tropas bárbaras constantemente, por eso no prendí fogata, el calor del pantano bastaba para mantenerme caliente, mis cosas y mi strider se encontraban a mi lado, cerré los ojos para descansa, pero manteniéndome despierto ante cualquier cosa.


El sonido de las espadas chocando, las hachas y escudos golpeando vivían en mi, como una marca imborrable. Trate de callarlos pensando en mi hogar, pero se hacían cada vez mas fuerte, sabia que aquellos sonidos ya no eran los producidos por mi mente, había alguien allí afuera luchando.


Me recompuse, tome mi espada y desperté a mi strider, corrí en dirección hacia los sonidos, a medida que me acercaban eran ensordecedores, en el camino me tope con los restos de un bárbaro, pude reconocerlo por su piel de tigre blanco y su tatuaje, que indicaba su bajo rango. Apure el paso, seguro un aliado estaba en apuros, tras un viejo árbol un gladiador de gran presencia se encontraba herido de muerte, sus dos espadas eran lo único que lo mantenían de pie, los bárbaros eran dos y con heridas, pude matarlos a duras penas, pero no fue mi mejor batalla.


Salí mas lastimado de lo que tendría que haber salido, al acercarme al gladiador lo reconocí era Áureo, guerrero que había sobrevivió en Giran y había tomado otro camino a casa. Me apresure a subir el cuerpo maltrecho del gladiador al strider y retome el camino rápidamente a Goddard para evitar la muerte de mi amigo, y consiente de las burdas tácticas de los bárbaros, volverían reiteradas veces y en mayor numero, me esperan prontas batallas.


Debí mantener un paso muy ligero para no perderle huella a mi strider, el pantano me dificultaba el andar y cada rato debía frenarme para tomar aire, agradezco al strider, sino fuera por el, hubiera ido directo hacia el enemigo, su olfato me evito lo que seria la muerte segura, pero no podríamos seguir esquivándolos todo el camino.


Y así fue, tras un día de huir, nos topamos con tres bárbaros, eche a correr a mi strider para salvar la vida de mi amigo, y ahí nomás, hice frente, recuerdo haber matado a uno de ellos antes que las hachas y sus escalofriantes sonidos volvieran a aturdirme, no podía ver, todo estaba muy escuro, de un momento para otro, gritos de dolor y un fuerte olor sangre y acero me envolvió. La sombra desapareció y la luz de la luna volvió a verse, el silencio era increíble, no quise ver aquellos cadáveres, el olor de su sangre me alcanzo para creer en aquel guerrero que pocos afirman haber visto.


Casi sin fuerzas veo las antorchas de las escaleras de Goddard, subo los primeros peldaños y caigo, ya no tengo fuerzas para seguir.




6º parte
El destino


Oscuridad, sonidos, un chisporroteo, voces, estoy en paz, siento una mano sobre mi frente y una calida voz que me llama, ¿Será esto la muerte?, ¿Estaré en el reino de mis dioses?, nuevamente escucho que me llaman, comienzo a abrir los ojos, una luz penetrante, sombras, todo se ve como si estuviera bajo el agua, poco a poco comienza a aclararse todo…


Rochi esta frente a mi, a su lado…. No puede ser… Konar mi líder, Petemir, Radamanthys, Ocasso, Cerus, Badass, todos aquellos que vi caer junto a mi en Giran.


Konar extiende su mano hacia mí y me ayuda a levantarme, puedo ver a Aureo todavía recostado sobre la alfombra, Esta vivo, todo mi esfuerzo no fue en vano, dijeron que llevaría unos días más para recuperarse.


Rápidamente aparece en la puerta la figura de Goodnightjulia y Mageta, mi corazón salta de alegría, pregunte por aquel guerrero llamado Mukai, pero nadie me supo decir nada, Guillotte pregunto al respecto y no supe decir otra cosa más que había sido un gran guerrero, de un porte imponente.




-…” ¿Que fue de el?”…- pregunto.


Les conté que tras una vil emboscada de los bárbaros en un sendero boscoso y de una quietud admirable, estos nos tomaron por sorpresa, calcule que como de costumbre nos superaban en numero, pero no en coraje y valentía. Aquel guerrero fue herido gravemente. Con su ultimo frenesí y mi ayuda matamos a los incivilizados, pero la vida de mi compañero y mucha de mi sangre nos costo.


La alegría y tranquilidad de saber que me encontraba en casa era enorme, esa noche descanse por primera vez en mucho tiempo, y la extraña sensación de tener el estomago lleno me hizo derramas unas pocas lagrimas, saber que uno se acostumbra a las guerras, al dolor y a la perdida de sus seres queridos, pero el hambre es algo de los cual uno no se olvida, esta allí constantemente y es un puñal que atraviesa el alma.


Por la mañana me desperté, salí por primera vez del hall y vi una escena que derrumbo mi vida nuevamente, estaban allí cientos de guerreros que iban y venían. Los ayudantes preparando los armamentos, cientos de herreros, trabajaban arduamente, afilando viejas espadas y forjando nuevas, un centenar de flechas listas para ser cargadas y alimentos para meses.


Gritos se oyen por doquier, el viento sobre el pastizal, veo las murallas de Giran frente a mi, soy uno mas entre cientos de guerreros, las maquinas de guerras eran manipuladas por enanos con facinerosas armaduras, sobre striders nuestro generales como inmortales, preparándonos con sus discursos para atacar Giran.


-…”Esparty, Esparty, ¿en que pensas?”…- pregunto Wason


-…”en nada”…- respondí


Tome mi espada, y junto a mis compañeros, entablamos nuestra partida de Goddard a tierras bárbaras una vez más.